El gran acantilado
- José Luis García
- 11 dic 2025
- 2 Min. de lectura

En época primaveral, un grupo de jóvenes que se encontraba paseando por las faldas de una montaña, encontró un gran acantilado escondido entre la maleza, casi imposible de ver. Estaban tan fascinados de lo que habían hallado, que se acercaron sin ninguna precaución a verlo más de cerca:
-¿Y si nos tiramos?- dijo uno.
-¡Venga, vale!- respondió otro.
-¡Ni se os ocurra! No sabemos la profundidad que pueda tener- añadió Pedro, el más responsable de todos.
-Bueno, pues en ese caso podemos lanzar una piedra para saber la profundidad.
Los chicos la lanzaron y comprobaron que, efectivamente, sí era muy profundo.
-Mañana volvemos, nos traemos bañadores y nos lanzamos sin contárselo a nadie, será nuestro secreto, ¿de acuerdo? Este acantilado ahora será de nuestra propiedad.- dijo un joven.
Al siguiente día, todos se volvieron a encontrar para partir hasta el acantilado y, una vez allí, cuando intentaron lanzarse al agua, un señor mayor con apariencia muy extraña y con la cara muy blanca como asustado, salió de entre los matorrales y gritó:
-¡No lo hagáis chicos! El agua de este acantilado está maldita.
-¿Y de dónde ha sacado usted esa tremenda barbaridad?-le preguntaron los chicos.
-Os voy a contar la historia de este acantilado, de hecho, lo tengo hasta en un libro escrito.
Una vez, unos jóvenes, al igual que vosotros, al ver el acantilado decidieron bañarse sin pensárselo dos veces. Al rato de estar en el agua desaparecieron, y esto lo cuento porque yo fui testigo y por más que los buscaron nunca los encontraron. Desde entonces, el acantilado está cerrado y por todas partes tiene carteles puestos informando del peligro que existe y que está prohibido bañarse, pero los matorrales con el tiempo los han tapado y por eso no los habéis visto. Yo, que vivo cerca de aquí, muchas noches aun puedo escuchar los lamentos de estos jóvenes.
Los chicos quedaron perplejos e inmensamente agradecidos por el gran aviso del vecino. Así que, nunca más volvieron a ese acantilado.
REFLEXIÓN:
“A veces hay que pensar las cosas dos veces antes de hacerlas, porque todo tiene sus consecuencias y no se puede actuar sin pensar.”
FIN



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