El lamento de una joven
- José Luis García
- 20 nov 2025
- 3 Min. de lectura

Muy cerca de una población casi abandonada, donde predominaban familias agricultoras, se encontraba un castillo que había pertenecido a unos condes, que pasado un tiempo lo habían abandonado.
Por esa zona, solía jugar un grupo de jóvenes. Uno de esos días, escucharon una voz muy extraña similar a un lamento, pero por mucho que buscaban no conseguían descubrir de dónde provenía esta voz, ni de qué se trataba, por lo que al anochecer decidieron marcharse para comunicar lo sucedido a unos adultos.
Con espanto, por lo que los chicos les habían contado, corrieron apresurados hacia el castillo y comprobaron lo que sus hijos les habían dicho. Sin embargo, no contaban con materiales suficientes para adentrarse a lo más profundo del castillo, por lo que decidieron equiparse adecuadamente para volver a ese lugar.
La búsqueda duró un par de horas, hasta que encontraron a una joven en estado de precariedad, con el rostro deformado y con falta de visión, por lo que la sacaron de ese lugar. Con mucho cuidado, por su delicado estado de salud, cubriéndole los ojos para protegerlos.
Se podía observar que la chica estaba muy asustada, pues hablaba muy alterada por el miedo a que le pudieran hacer algo malo, como era de costumbre para ella.
-¿Qué te ha sucedido?, ¿Cuánto tiempo llevabas allí? ¿Te han hecho daño? –lanzaban tantas preguntas y ninguna sin respuesta.
Entre todos llegaron a la conclusión de llevarla al famoso curandero del pueblo, Manolo, quien al verla, se quedó asombrado:
-No os preocupéis, haré todo lo posible- respondió Manolo.
Durante una larga mañana, Manolo pudo conversar finalmente con la joven, quien le confesó lo siguiente:
-Yo antes no era así…antes era bella…pero a medida que fui creciendo, mi rostro se fue deformando y fui perdiendo la visión. Mis padres, los condes dueños del castillo, no sabían qué hacer conmigo, pues para ellos suponía una enorme deshonra y vergüenza, por lo que decidieron encerrarme en las mazmorras del castillo para toda mi vida. Ellos suelen venir a menudo para darme comida y bebida, pero solamente cuento con esos privilegios.
Me han hecho mucho daño. Al principio, compartía el castillo con unos parientes muy cercanos, hasta que decidieron irse de allí y abandonarme completamente.
Al ser oído por el curandero, este no dudó en contárselo al grupo de personas que rescató a la chica.
-¡Esto no se puede quedar así! Debe haber un castigo para esta tortura- comentó un joven.
Todos asintieron y estuvieron de acuerdo hacer vigilancias entre todos ellos para encontrar a los culpables. Después de una semana, un hombre abrió la puerta del castillo y se dirigió hacia la mazmorra, donde encontró a un par de jóvenes que le plantaron cara:
-¿No te das cuenta de la gran barbarie que habéis cometido? Estáis jugando con una vida humana…
-¿Una vida humana?- preguntó- a esto no se le puede llamar ni persona.
De pronto, apareció la joven, sin malformaciones y dijo:
-Aquí estoy, mírame, claro que soy una persona, y como tal, merezco el mismo que respeto que el resto, ahora y antes.
Finalmente, localizaron al resto de personas implicadas en el caso, quienes fueron sentenciadas a cadena perpetua, y por supuesto, la joven no quiso saber nunca nada más de ellos.
-Después de lo que me han hecho mis padres, que ni siquiera puedo llamarlos, así, no los quiero en mi vida. Ahora me quedaré con las personas que me salvaron y me curaron tratándome como un ser humano.
REFLEXIÓN:
“ La familia no siempre nace de la sangre, sino del cariño”
FIN



Eres maravilloso José, no dejes de escribir estás historias tan bonitas con estas lecciones de vida, un abrazo y nos vemos pronto!!!