El mejor de los regalos
- José Luis García
- 17 dic 2025
- 3 Min. de lectura

Era una noche fría, Aurora y Agustín, que eran una pareja de casados, celebraban solos la cena de nochebuena en su humilde hogar. Mientras cenaban, llamaron a la puerta de su casa. Al ser demasiado tarde, el matrimonio quedó extrañado y se pensaron si abrir la puerta o no.
Finalmente, decidieron entre los dos abrir la puerta y recibir a quién estuviese esperando detrás. Cuando lo hicieron, pudieron comprobar que se trataba de un pobre mendigo que tenía pinta de tener mucho frío. Sin pensárselo ni un segundo, le invitaron a pasar a su casa para calentarse, ya que ellos sabían de primera mano lo que era pasar noches tan gélidas a la intemperie.
Aurora y Agustín, eran dos personas trabajadoras que luchaban diariamente por poder seguir adelante. Su sueño era formar una familia, pero por circunstancias de la vida, se encontraban sin trabajo y ellos sabían que no podrían mantener las necesidades de sus hijos. Ellos no tenían mucho que ofrecer, pero si algo, el calor y el cariño que tenían en su pequeño hogar.
Una vez que el mendigo estaba dentro y después de haberse calentado, les dio las gracias y les dijo:
- Ahora me tengo que marchar, no quiero abusar de vuestra hospitalidad. -dijo el mendigo.
- Primero, tendrás que cenar con nosotros.- le dijo Aurora.-No tenemos gran cosa, pero lo repartiremos entre los tres.
Entonces, el pobre mendigo sonrió y se quedó pensando en que aún seguía habiendo gente buena en este mundo y aceptó a quedarse un rato más a cenar. Prepararon un tercer plato en la mesa y cenaron muy a gusto los tres. Después de haber cenado como un rey y de charlar, el mendigo le preguntó a Agustín que a qué se dedicaba. Agustín, con bastante angustia, le dijo que actualmente no tenía trabajo y que estaba buscando. El mendigo se quedó pensativo y pasados unos minutos les dijo:
- Os agradezco de corazón que me hayáis acogido esta noche tan especial, gracias a vosotros hoy no he pasado frío, ni hambre ni, sobre todo, soledad. Esto que habéis hecho, puede ser que os haya servido de mucho, aunque vosotros aún no lo creáis.
Sin embargo, todo había sido una estrategia. El mendigo en realidad no era lo que parecía, sino que se trataba de un rico empresario que hacía esto en varias casas para comprobar si aún quedaba gente buena. Al día siguiente, tras darse cuenta de que se trataba de un matrimonio con un corazón enorme, decidió mandarles una carta certificada con una gran noticia.
Pasados unos días, el matrimonio recibió la carta. Aurora y Agustín comenzaron a leer que les habían ofrecido trabajo en una fábrica de conservas. La pareja, se puso a pensar en quién podría estar detrás de todo esto y se pusieron muy contentos ¡Por fin, recibían buenas noticias!
Cuando Agustín fue a firmar el contrato de trabajo, comprobó, para su sorpresa, que el jefe resultó ser el mendigo que había estado calentándose y cenando en su casa la pasada nochebuena. Entonces rápidamente, le preguntó:
- ¿Por qué has hecho esto si en realidad eres un rico empresario? -le preguntó Agustín.
- Para comprobar si aún sigue quedando gente buena en el mundo en el que vivimos.-le contestó el jefe. -Como pude ver la gran bondad que tenéis tú y tu mujer, y que además no teníais trabajo, he decidido ayudaros de esta manera.
Agustín se emocionó y se dieron un gran abrazo entre los dos y una vez firmado el contrato, Agustín volvió a casa corriendo para contárselo a su mujer. Él comienza a contárselo a Aurora y ella no se creía lo que le estaba diciendo:
-¿Estás seguro que era el pobre mendigo? –le dijo la mujer.
-Sí, era el mismo. En realidad es un gran empresario con mucho dinero y nos ofrece esta gran oportunidad. –Dijo Agustín.
Ella reflexionó y pensó que se trataba de un regalo de navidad. Quizás por su buena voluntad habían recibido la mejor de las recompensas, tener un trabajo y unos ingresos dignos para poder seguir adelante y formar una familia.
Finalmente, el matrimonio se abrazó llorando y saltando de alegría, porque lo que parecía una equivocación, había sido la mejor de sus suertes.
REFLEXIÓN:
“Haz el bien, sin mirar a quién. Ser buena persona siempre es recompensado”
¡FELIZ NAVIDAD!



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