El pastor Andrés
- José Luis García
- 27 nov 2025
- 2 Min. de lectura

Andrés era un pastor que cuidaba a sus ovejas con delicadeza. Cuando salía al campo con el ganado, mientras ellos se alimentaban, él dedicaba ese tiempo a crear figuras únicamente con la leña que encontraba de los árboles y su machete.
Un día, Andrés se encontraba en los pastos con su ganado haciendo una de sus figuras y observó cómo un grupo de jóvenes se acercaba a él. Le miraban con mucha curiosidad y realizaron muchas preguntas sobre el pastoreo, a las que el joven respondía con total entusiasmo y sinceridad, hasta que uno de ellos le preguntó:
-¿Andrés, y tú que haces mientras tus ovejas pastan? Porque son muchas horas…Yo me aburriría…
-Mientras ellas pastan, yo me dedico a hacer estas figuritas de aquí, me entretienen y a la vez saco un poco de dinerillo al venderlas- respondió Andrés.
Desde ese mismo momento, ya no había día que este grupo de jóvenes no fuera a ese lugar, a acompañar a Andrés a cuidar a sus ovejas. Mientras él les contaba miles de anécdotas y momentos de su vida.
Pasaron los meses y, uno de esos días, los jóvenes no encontraron a Andrés por ese lugar. Al siguiente día sucedió lo mismo, y así durante una semana.
Finalmente, Andrés volvió a su rutina diaria y los jóvenes se sorprendieron al verlo aparecer tras esa semana ausente. Tenían muchas preguntas, pero a la vez estaban contentos de volver a verlo otra vez.
-Queridos amigos, ¿recordáis las figuras que os dije que hacía? Bien, pues al tener ya una cierta cantidad, decidí ir a venderlas al mercado del pueblo. La verdad es que la venta salió muy bien, a la gente les gustaron mucho y saqué una buena cantidad de dinero…Con tan mala suerte, que al regresar a mi casa, unos malhechores intentaron quitármelo, yo me defendí como pude…pero ellos eran cuatro y yo solamente uno. Estaba indefenso y agotado, hasta que vi aparecer a lo lejos a un hombre en un caballo blanco que los espantó. La agresión fue inevitable, pero el dinero volvió a mí, gracias a ese buen caballero.
-No te preocupes Andrés, a partir de ahora no irás solo a ningún lado. Gracias a todo lo que nos has enseñado, somos capaces de cuidar a tus ovejas hasta que te recuperes. A
demás te acompañaremos a vender las figuritas al mercado cada semana. ¡Seguro que así los malhechores no volverán a atacarte!
Y así es como surgió una gran amistad.
REFLEXIÓN:
“En muchas ocasiones, necesitamos ayuda aunque creamos que no, y la amistad es un gran tesoro que nos apoya en los momentos difíciles”.
FIN



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