La sabiduría que venció al prejuicio
- José Luis García
- 8 ago
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Esta historia se sitúa en un gran reinado, donde se ubicaba la villa en la que vivía Clotilde, una anciana con muy buena reputación, querida y adorada por todo el pueblo. No obstante, sus vestimentas no pasaban desapercibidas por ser algo viejas y estar sucias.
A pesar de su precaria situación económica, Clotilde siempre estaba dispuesta a ayudar al que más lo necesitara, ya que gracias a sus antepasados había aprendido muchas cosas sobre la medicina natural.
Un día, este caso llegó hasta los oídos del rey, quien, sin pensarlo dos veces, mandó a sus mejores caballeros para que echasen a la anciana de esa villa. Los vecinos no daban crédito de lo que sus ojos estaban viendo e intentaron oponer resistencia.
Clotilde se marchó llorando desconsoladamente y diciendo:
-“No os preocupéis por mí, pues volveré en cuanto haya recuperado mi reputación”
Los soldados del rey la trasladaron a una casa situada en mitad del bosque, donde estuvo viviendo un par de meses inmersa en una profunda tristeza y en una total soledad. Un día de esos, la hija del rey se encontraba paseando con su caballo por los alrededores de la zona con tan mala suerte que en mitad del camino se le cruzó un pequeño animal que hizo que el caballo se asustara y, por consiguiente, tirara al suelo a la hija del rey.
La anciana, que estaba observando el suceso desde la ventana de su casa, no dudó ni un segundo en salir a socorrerla. A Clotilde no le importaba de que familia procedía, eso nunca le ha importado, pues siempre ha ayudado a cualquier persona que necesitara de su sabiduría. La niña se quedó en esa casa un par de horas hasta que la anciana la curó por completo y pudo volver prácticamente ilesa al castillo.
-“¿Qué te ha pasado cariño?”- preguntó el rey al verla aparecer – “¿A qué se debe tanta tardanza?”
Una vez que la hija le había contado todo lo sucedido, el rey le rogó que le llevara hacia ese lugar para conocer a la persona que la había curado. Una vez allí, y al comprobar de quien se trataba, el rey se sintió muy arrepentido y quiso ofrecerle una segunda oportunidad.
Sin embargo, Clotilde comprendía la situación a la perfección y no tenía intención de regresar a la villa, pero, tras un largo periodo de tiempo charlando sobre dicho asunto la terminaron convenciéndola. El rey le compró nuevas vestimentas y ¡parecía otra persona!
Al estar de vuelta por la villa, absolutamente nadie la reconocía por lo que el rey, ante esa situación se acercó con su caballo y les dijo a todos:
-“Esta señora no pretende engañaros, es Clotilde, a la mujer que en su día eché de este lugar y de lo que me siento completamente arrepentido”
Finalmente, Clotilde se sentía la más afortunada del lugar, pues su situación económica había mejorado y su reputación en el pueblo también.
REFLEXIÓN:
Esta historia nos recuerda que las apariencias pueden engañar, y que el verdadero valor de una persona se mide por sus actos, no por su aspecto. Clotilde, a pesar del rechazo, nunca dejó de actuar con bondad y sabiduría.
FIN
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