Laura y el valor del campo
- José Luis García
- 23 oct 2025
- 2 Min. de lectura

Una joven de ciudad llamada Laura, aprovechó el puente de la Constitución para marcharse unos días al pueblo de sus abuelos, y así desconectar temporalmente del caos de la ciudad.
Allí, paseaba por el campo mientras admiraba la naturaleza, disfrutaba mirando los insectos y algún que otro animal, contando anécdotas alrededor del juego junto a sus abuelos, y colaborando en las tareas del campo.
Un día de estos, mientras caminaba por el campo, observó a lo lejos un rebaño de ovejas y se quedó asombrada. Era la primera vez que veía algo similar, por lo que no dudó ni un segundo en acercarse para poder observarlo mejor. El pastor Antonio, al ver su cara de asombro, intuyó que era la primera vez que esa joven veía unas ovejas, por lo que dijo:
-Me imagino que es la primera vez que ves algo similar, este es mi rebaño, y yo soy su pastor, quien las cuida durante todos los días del año y ellas a cambio me dan sus beneficios.
-¿Beneficios?- respondió la chica asombrada.
-Sí, beneficios. ¿Ves todo lo que rodea su cuerpo? Eso es la lana, y más adelante las esquilamos para poder utilizarla en la fabricación de camisetas y jerséis de buena calidad, como por ejemplo el que llevas puesto.
-¿Enserio esto que llevo sale de ahí?- preguntó la chica.
-Por supuesto que sale de ahí, además de seguramente la leche que bebes cada mañana en casa de tus abuelos.
-¿La leche también?
-Sí, la leche también sale de estos animales, por eso son tan valiosas para mí. Echa un vistazo- el pastor cogió un cubo y se situó debajo de una de estas ovejas para comenzar a ordeñarla- Debes sujetar por aquí, y saldrá por aquí.
La joven probó la leche con algo de miedo, pero le gustó mucho.
-¿Ves?, estás son las cosas que te pierdes por vivir en la ciudad- añadió Antonio.
Desde ese mismo momento, Laura no volvió a faltar ningún día en acompañar a su ahora nuevo amigo Antonio, quien cada día tenía una nueva curiosidad sobre los pueblos para contarle.
De tal forma que cuando volvía a la ciudad, con mucho orgullo le contaba a sus amigas todo lo que había aprendido de su amigo el pastor.
REFLEXIÓN:
Estamos tan acostumbrado a nuestras comodidades del día a día, que a menudo olvidamos de dónde vienen.
FIN



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