Un Papá Noel vestido de verde
- José Luis García
- 15 ene
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 21 ene

La Navidad es tiempo de alegría y celebración. Es un momento para tener fe y optimismo, y donde la unión debe de ser compartida por todos. Sin embargo, había un país donde la Navidad llevaba tiempo sin celebrarse, pues allí no había luz, ni paz, ni alegría. El país atravesaba por momentos muy duros, había dos bandos enfrentados que llevaban en guerra muchos meses y la paz parecía algo imposible.
Papá Noel sabía que este país pasaba por un momento de oscuridad y de tristeza, por eso, decidió hacer algo diferente este año. Pensó presentarse allí en persona e intentar acabar con la guerra, aunque no podía aparecer vestido de rojo en un lugar donde sería reconocido, sería demasiado llamativo. Por este motivo, tomó una decisión importante: vestirse de verde.
Con su nuevo traje, Papá Noel se presentó en este lugar tan desolado. Las calles estaban destruidas, había hambre, casas derrumbadas, la generosidad escaseaba y los militares ocupaban las calles, pero lo que más le llamó la atención, era la expresión de las personas, solo se veían rostros apagados y tristes.
Cuando iba por la calle, nadie lo reconocía. La gente lo veía pasar de un sitio a otro y preguntaban intrigados: ¿quién es aquel anciano de barba blanca y ropa verde que camina con tanta calma entre el peligro? No obstante, a él no le importaban las miradas, lo único que deseaba era detener esta guerra puesto que la Navidad se estaba acercando y debía ser tiempo de tranquilidad.
Papá Noel se acercó a unos soldados que pertenecían a uno de los bandos, y después, se acercó a otros del otro bando. Se mantuvo con los militares durante unos días hasta que consiguió ponerse en contacto con personas de altos cargos. Al principio nadie le hacía caso, pues el odio y el rencor se apoderaban de aquellos que gobernaban, pero él no se rindió nunca. Les habló con paciencia y les recordó que las guerras solo traen dolor, hambre y tristeza, y que su población estaba sufriendo. Había que buscar una solución para convivir en una sociedad sin rencor, sin dolor y sin sufrimiento. La paz siempre es el mejor camino.
Como los gobernantes no hacían caso, Papá Noel pensó que la población sería la clave para lograr el cambio, por lo tanto, decidió empezar por transformar a las personas que convivían allí e ir construyendo la unión poco a poco. Durante semanas, estuvo ayudando a la población de este país. Con su magia, ofreció comida a quienes sufrían los efectos de esta guerra devastadora, ropa para aquellos que necesitaban abrigo en los tiempos de frío, y un hogar para los que habían perdido su casa. Sin embargo, había algo más importante que Papa Noel intentaba predicar: la esperanza.
Después de un tiempo, algo empezó a cambiar. La gente empezó a tener fe y a creer en la magia de la Navidad. Gente que estaba enfrentada por sus ideologías, empezaron a convivir en armonía, ayudándose los unos a los otros, ya que la generosidad que veían en aquel anciano hizo mermar el rencor. El odio había desaparecido, la gente compartía y se respetaba, y los gobernantes dejaron de ser un ejemplo a seguir. Ellos mismos, veían que la gente actuaba de una manera diferente, por eso, tomaron la decisión de ponerle fin a la guerra. En ese momento, la alegría volvió poco a poco a aquel lugar que parecía haberlo perdido todo.
Entonces Papá Noel, satisfecho de lo que el pueblo había conseguido, decidió marcharse lo más rápido posible porque tenía que preparar todos los regalos y deseos de todo el mundo antes de que comenzase la Navidad. Ahora bien, antes de marcharse, la población le hizo una despedida para agradecerle todo lo que había hecho y Papá Noel pensó que era un buen momento para contarles la verdad y desenmascarar su identidad.
Al principio nadie le creyó, pero entonces, él sacó su gran traje rojo y se lo puso. La gente se quedó asombrada, los niños lloraban de alegría, jamás pensaban que conocerían a Papá Noel en persona. Entonces él explicó que se había vestido así para poder ayudar sin que fuese reconocido, y para demostrar que, a veces, cambiar es necesario para hacer el bien. Por eso se vistió de verde, el color de la esperanza.
Desde ese día, la paz y la alegría regresaron. Aquella Navidad fue especial, no solo porque nació el Niño Dios, sino porque un anciano vestido de verde consiguió evitar una gran catástrofe y devolver la esperanza a todo un país.
¡Gracias Papá Noel, dejaste ilusión, sonrisas y mucha magia por este lugar!
REFLEXIÓN:
“Terminar la guerra es devolverle voz a la vida, aunque deje heridas profundas, la esperanza surge cuando se elige la paz y se cree que un futuro distinto es posible, incluso después del dolor.”
FIN



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