El balneario milagroso
- José Luis García
- 22 ago
- 2 Min. de lectura

En un lugar de zona volcánica, emergieron aguas calientes dentro de unas tierras que estaban a nombre de una familia muy humilde. Esta oportunidad les abrió la esperanza de mejorar su situación económica.
El primero en saber la noticia fue Joaquín, el padre de familia, quien sin pensarlo dos veces, se echó agua en su cuerpo puesto que llevaba toda la tarde trabajando en sus labores del campo y estaba agotado. Para su sorpresa, a los pocos días Joaquín mejoró de su artritis, ahora no sentía dolor ninguno y podía disfrutar de la vida como nunca lo había hecho.
Al contárselo a Laude, su mujer, le dijo:
-¿Por qué no me lo has contado antes? Pues ya sabes lo mal que me encuentro yo con las cervicales…¡Mañana mismo voy para allá a comprobar si eso es cierto! – comentó alucinada.
Pasada la primera semana de tratar su cuerpo con esa agua, para asombro de todos, los dolores habían cesado.
-Dios nos ha venido a ver, podemos aprovechar esta agua para hacer un balneario. Levantamos un tabique, hacemos un agujero para poner una piscina, construimos duchas, hacemos una sala de espera…podemos modificar todo y seguramente que en cuestión de meses habremos recuperado todo lo perdido- le dijo su mujer.
Antes de finalizar el verano, ya tenían el balneario terminado y listo para abrirlo al público. Lo que aún no tenían claro era el nombre que le iban a poner, pues querían que fuera original y llamativo, para atraer al mayor número de personas posibles, por lo que su hijo Jhonny, que se encontraba estudiando el Grado de Fisioterapia en una universidad cercana al pueblo, les ayudó con el nombre y con todo lo que fuera necesario. Acordaron que él podría tratar contracturas y mejorar así la función del agua milagrosa y el balneario.
Finalmente, el nombre seleccionado fue el más acorde al local: “Balneario de agua milagrosa”, lo que captó la atención de los ciudadanos que fueron a probar por primera vez esa agua y a raíz de ahí su vida y sus molestias habían mejorado notablemente. Por todo ello, esta familia no tuvo que volver a preocuparse por si ese mes tendrían o no suficiente dinero para poder vivir y comprobaron que todo esfuerzo y sacrificio tiene su recompensa.
REFLEXIÓN:
"A menudo, las oportunidades pueden surgir de lo inesperado, cosas imprevistas o recursos pueden convertirse en oportunidades valiosas si estamos dispuestos a aprovecharlas."
FIN
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