Una casa de pueblo encantada
- José Luis García
- 27 may
- 2 Min. de lectura

En un pueblo perdido en la sierra, se encontraba una población poco hospitalaria con los nuevos visitantes que decidieran pasar unos días en ese lugar. Sin embargo, cada vez aumentaba más el número de personas que llegaban al pueblo. Los vecinos, tras observar lo que estaba ocurriendo, decidieron alquilar una casa que, según comentaban las personas mayores, estaba encantada. De esta forma, pensaron que se reduciría notablemente el número de nuevos visitantes.
Al cabo de una semana, llegó la primera familia pidiendo cobijo, la cual tuvo que huir desesperadamente tras el miedo ocasionado de pasar una sola noche en esa casa, donde sucedían ruidos extraños, voces inquietantes, pasos en el pasillo y sombras aterradoras. Todo esto fue sucediendo con todas las familias que acudían en busca de un lugar para dormir, por eso los vecinos no podían estar más felices.
Comenzó a correr la voz de la existencia de esa casa y, como bien habían planeado los vecinos de ese lugar, cada vez eran menos familias las que venían a visitarles. De repente, un día de enero del año siguiente, para sorpresa de todos, llegó una familia pidiendo cobijo, a lo que el alcalde del municipio les indicó:
-Pues claro que sí, pero les advertimos que esta casa está encantada. De hecho, todas las familias que han pasado por aquí han tenido que marcharse corriendo.
-No nos importa, no somos personas miedosas. –respondió el padre.
-Pues ya veremos si por la mañana seguís manteniendo la misma opinión. – concluyó el alcalde.
A la mañana siguiente, los vecinos se reunieron en la puerta de la casa para observar cómo saldría la familia de allí. Pasaron las horas y nadie daba señales de vida, hasta que se asomaron a la puerta un poco más tarde. Aún estaban en pijama y con una sonrisa, les pidieron que por favor les dejaran quedarse un par de días más, pues estaban muy contentos con ese alojamiento. Además, prometieron que luego continuarían con su camino sin volver a molestarles.
Todos quedaron asombrados al ver la reacción de esta familia, pues parecía como si nada hubiera pasado durante esa noche.
Finalmente, llegó el día en el que debían marcharse y los vecinos se reunieron nuevamente con esperanza de observar miedo en sus rostros. La familia recogió sus pertenencias y las echaron todas a una carreta, donde se encontraba xerografiada la siguiente inscripción: “Desencantadores de casas”.
REFLEXIÓN:
“Con esta historia he intentado dar una lección sobre la importancia de ser solidarios con el resto de personas. Finalmente, la población de ese lugar no consiguió su objetivo de evitar que las familias acudieran a su municipio en busca de cobijo, por lo que pienso que siempre debemos hacer el bien, sin mirar a quién”.
FIN
Estupenda👍🏻